Home

Los Angeles Times
Newsweek
The New Yorker
New York Times
Slate
Vanity Fair
Washington Post
Other Articles

The Posada Files
Book Reviews
Books by ALB
Op-Eds
Radio
About ALB
Contact/CV
Back


 

Prólogo Original a CARTAS DEL PRESIDO

Original Prologue to LETTERS FROM PRISON

[Scroll below for English]

 

by Luis Conte Aguero

 

Abril, 1959

En español

“A los Señores Magistrados, mi sincera gratitud por haberme permitido expresarme libremente, sin mezquinas coacciones; no os guardo rancor, reconozco que en ciertos aspectos habéis sido humanos y sé que el Presidente de este Tribunal, hombre de limpia vida, no puede disimular su repugnancia por el estado de cosas reinante que lo obligan a dictar un fallo injusto. Queda todavia a la Audiencia un problema más grave: ahí están las causas iniciadas por los setenta asesinatos, es decir, la mayor masacre que hemos conocido; los culpables siguen libres con un arma en la mano que es amenaza perenne para la vida de los ciudadanos; si no cae sobre ellos todo el peso de la Ley, por cobardía o porque se lo impidan y no renuncien en pleno todos los magistradoes, me apiado de vuestras honras y compadezco la mancha sin precedentes que caerá sobre el Poder Judicial.”

“En cuanto a mí, sé que la cárcel será dura como no la ha sido nunca para nadie, preñada de amenazas, de ruin y cobarde ensañamiento, pero no la temo, como no temo la furia del tirano miserable que arrancó la vida a setenta hermanos míos. CONDENADME, NO IMPORTA, LA HISTORIA ME ABSOLVERA.”

¿Quién clava en la Historia estas palabras inmortales? ¿Quién castiga los oidos culpables con la voz de su fe? ¿Quién empina la honra de la Patria con la elocuencia suprema de la dignidad?

Es un hombre joven, alto y corpulento, romano el perfil, castaño el pelo, iluminados los ojos hidalgo el gesto, conminador el ademán. ¡Qué fulgor hay en la toga negra de este abodago que aboga por la honra de Cuba! La autodefensa se ha vuelto acusación. Se conmueven los severos magistrados. Están pálidos cuando dictan la condena. ¡Quince años! ¡Es tanto y es tan poco cuando se ama el sacrificio!

Absuelto por la Historia y se encuentra en el Presidio Modelo de Isla de Pinos. Moral el premio, corporal el castigo. Que no siempre marchan juntas la justicia transitoria de los tiempos que corren y la justicia permanente de los tiempos eternos.

Ahí está, tras las rejas, tras los paredones de concreto, tras la soledad y el aislamiento, el jefe de los atacantes del Cuartel Moncada y sus compañeros de aquel 26 de Julio de 1953.

Amar la libertad es un instinto en el hombre. Los degenerados prefieren la esclavitud para no molestarse en pensar. Los iluminados hacen de la libertad el sol de su existencia.

Quien pierde la libertad personal procurando la libertad colectiva es tortudado dos veces. Le hiere la angustia de su causa y la agonía del cautiverio.

El cautiverio es agonía para el hombre sensible. Todos los dolores laceran el pecho sentidor. La pena se ensaña en quien sabe sufrir. José Martí registra de tal modo el presidio político que éste vive en su vida. No es recuerdo que influye, sí presencia que manda. Manda en las páginas geniales del folleto histórico, en los versos libres y en los versos sencillos, en las marcas grabadas en el cuerpo y en los énfasis de acento del carácter.

El dolor es útil, como el látigo. Los hombres se definen por el látigo: el siervo se dobla; el rebelde se empina. El dolor debilita al débil y fortalece al fuerte. A mayor sensibilidad, mayor sufrimiento; a mayor sufrimiento, mayor hombría.

Fidel Castro Ruz es sensible y es fuerte. Es un hombre de fe. Es la fe. La fe golpeadora que no se resigna, la que halla su fuerza en el esfuerzo, la que se encuentra en la búsqueda de lo difícil. En la fe, la búsqueda es un encuentro. Fidel es la encuentro del hombre y la fe.

La prisión es un encuentro del hombre con el hombre. La celda nos lleva a nosotros mismos. Fidel halla a Fidel tras los gruesos barrotes del Presidio Modelo: en la agonía, en la soledad, en los padecimientos corporales y morales, en la potencia de rebelarse contra la impotencia.

La soledad es madre. Puede dar a luz muy buenos hijos. En un literato, una novela o un poema. En un químico, una fórmula renovadora. En un militar, un plan de batalla o una nueva concepción de la guerra. En un filósofo, un tratado. En un espíritu, una santidad.

La soledad de Fidel da a luz a Fidel. Autoencuentro. Confirma lo que piensa y lo que siente, ratifica su razón, y su corazón, lo mental y lo sentimental.

Piensa Federico Nietzsche:

“Hay que volver a la muchedumbre;

Su contacto endurece y pule,

La soledad ablanda, corrompe y pudre.”

Ni ablandamiento, ni corrupción, ni podredumbre. Para volver a la muchedumbre, Fidel se endurece y pule en la soledad.

Hoy Fidel es el hombre de las muchedumbres. Su paso desata, multitudes como ráfagas la tormenta. Donde quiera que está, está el pueblo. Las viejas que lloran de júbilo, los niños que sonríen como si su inocencia intuyera la grandeza, las mujeres que besan porque el beso es la voz natural del amor, los hombres que abrazan porque el abrazo es la expresión natural de la fraternidad. Ha superado el aplauso como manifestación de reconocimiento público. El aplauso es muy poco para el mucho heroismo. Hoy el aplauso es grito, clamor, himno, frenesí y beso. En su hogar escoltan los escoltas y quienes no lo son. En el celo y la vigilia se confunden las barbas uniformadas y las ropas civiles. Si se dirige al país por radio o televisión, todo el mundo permanence en casa para escuchar sus pronunciamientos, mientras los cines, cafés y lugares públicos se aburren de vacío. Ya es natural que medio millón de personas concurran a un acto suyo, que productores norteamericanos pugnen por filmar una pelicula basada en su existencia, que su nombre adquiera las resonancias internacionales que confieren los cables y la jerarquía. Todos quieren hablarle, darle la mano, mirarle la sonrisa o admirarle la estrella de comandante y la estrella de su patriotismo.

Ese dominio de las multitudes se forjó en el dominio de las soledades. La celda de ayer es el área del mitin de hoy. Allí en el encierro, en la sombra total o el sol precario, en la correspondencia censurada, en el hijo ausente, en el hogar herido, en el nombre difamado, se acrisoló el coraje y maduró la voluntad.

El pueblo conoce al león vencedor, soberano de la Revolución y rugiente de Historia. Desconoce al león lastimado, sin un Androcoles que fuera a quitarle la espina de su zarpa combatiente.

Para que sepan de él, publico estas páginas reveladoras,familiares solamente a Fidel y a sus destinatarios. Escribiendo la biografía del héroe americano, pensé que el major anticipio para el lector eran estas páginas íntimas, epopeya del espíritu que antecede y explica la epopeya del libertador. Esta Sierra Espiritual prologa la Sierra Maestra. Cada carta es una montaña. Por doquiera asoman los turquinos. Y el sol. Ellas explican muchos acontecimientos de después. Muestran al héroe y al hombre. El hombre es el héroe.

Y aquí está el héroe. El que piensa en sus hermanos muertos y demanda justicia para ellos, el que denuncia los asesinatos viles, rechaza vinculaciones con los políticos del pasado, fustiga a quienes callan ante el crimen y pide repiques de Demajagua para las horas sin resonancias de nuestro tiempo cívico.

Y aquí está el héroe. El que organiza desde las rejas una conmemoración digna del 26 de Julio en Cuba y fuera del pais, el que aconseja guante de seda y mano de hierro, el que cuida que su movimiento contra los asesinos del presente no sea salpicado por el cieno de los defraudadores del pasado.

Y aquí está el héroe. Para desafiar las rejas y la incomunicación y rendir homenaje al amigo, para censurar a los criminals que condenan a los hombres honrados y no sancionan a los grandes cuplables, para recordar con cariño a sus compañeros de militancia, para proclamar la línea de la independencia revolucionaria contra el porrismo y el pistolerismo, contra la tiranía y la comedia.

Y aquí está el héroe. Para decir que no se acostumbra a la orfandad moral de la Patria y que piensa que la tanta vileza provocará la tanta grandeza, para retar las horas difíciles, para censurar la abyecta politiquería de los que buscan sinecuras, para pasar los días leyendo y dominándose, para no abrir los periodicós y evitar asquearse ante la sumision, para permanecer en aislamiento no obstante haber transcurrido los cuatro meses de incomunicación que le han impuesto por su conducta vertical durante la visita al penal del tirano, para surgerir una campaña que organice la lucha por la libertad.

Y aquí está el héroe. Quien flagela indignado al funcionario cobarde capaz de querer manchar con una infamia el buen nombre de su tienda, quien pide para el preso politico el rato que corresponde a un hombre entero, quien está dispuesto a batirse por su dama y por su honra.

Y aquí está el héroe. Quien tiene el corazón de acero y será digno hasta el último día de su vida, quien grita que nada se ha perdido a pesar de que la pena lo taladra, quien anima a la hermana querida, con acento de firmeza.

¡Qué soledad! ¡Qué impotencia! ¡Cuánta iniquidad! ¡Cuánto ultraje! ¡Escribe con lágrimas de hombre en los ojos, sorprendido ante tanta canallada, maniatado en una prisión, pensando en que más agradable es estar muerto sin un hogar que defender, llorando y sudando sangre en la escuela del dolor!

Y aquí está el héroe. Medita durante largas horas en el Movimiento Cívico Revolucionario que Cuba necesita, se considera en el deber de organizar el 26 de Julio, plantea la conveniencia de conciliar la realidad y el ideal, propugna un programa veraz, valiente y revolucionario que sea impacto directo sobre el pecho de las mayorías irredimidas.

Y aquí está el héroe. Pide libros para su insaciable voracidad de lector invencible, pierde la cabeza cuando le hablan de perder el hijo, prefiere la victoria moral a la legal, está dispuesto a morir para que vida el decoro y se siente hijo y habla como padre al padre que perdió el hijo.

¡Cómo elogia al amigo para que se lo atiendan bien! ¡Cómo llama a Fidelito! ¡Cómo piensa salir de la prisión hecho el hombre de hierro! ¡Cómo prepara los detalles de su salida al sol!

Este es Fidel Castro Ruz.

Abnegación, sacrificio, estoicismo, estudio, fraternidad, previsión, porvenir.

Corazón latidor, puño cerrado, voluntad de historia.

Flor y fusil, pan y espíritu, leche y lanza, tierra y sueño.

De estas rejas sale el combatiente a liberar su pueblo y a asombrar a la América. Volverá con el “Gramma” y con el himno a izar la bandera en el corazón del monte y la esperanza.

Volverá, a vencer y a brillar, a que las barbas sean oscuras y los días sean claros, a que se encienda la estrella del Ejército Rebelde, a derrocar al tirano, a lograr que un pueblo libre cante los himnos del Presidio.

Y ahora, ¡que no siga leyendo quien no ame el honor!

L.C.A

 

Original prologue to LETTERS FROM PRISON

by Luis Conte Aguero

April, 1959

[English translation]

 

 “Honorable Judges, my sincere gratitude for having permitted me to express myself free from contemptible restrictions. I hold no bitterness towards you, I recognize that in certain aspects you have been humane, and I know that the Chief Judge of this Court, a man of impeccable private life, cannot disguise his repugnance at the current state of affairs that compels him to dictate unjust decisions. Still, a more serious problem remains for the Court of Appeals: the indictments arising from the murders of seventy men, that is to say, the greatest massacre we have ever known. The guilty continue at liberty and with weapons in their hands - weapons which continually threaten the lives of all citizens. If all the weight of the law does not fall upon the guilty because of cowardice or because of domination of the courts, and if then all the judges do not resign, I pity your honor. And I regret the unprecedented shame that will fall upon the Judicial Power.

             

I know that imprisonment will be harder for me than it has ever been for anyone, filled with cowardly threats and hideous cruelty. But I do not fear prison, as I do   not fear the fury of the miserable tyrant who took the lives of  70 of my brothers. CONDEMN ME. IT  DOES NOT MATTER.  HISTORY WILL ABSOLVE ME." (1)

 

Who hammered out these immortal words onto History?  Who punishes the hearing of the guilty with the voice of his faith?   Who raises the honor of the homeland with such eloquent dignity?

A young man, tall and strong, classical profile, brown hair, eyes illuminated, noble of gesture, commanding in demeanor.  What lightning there is in the black robe of this advocate for the honor of Cuba!   Self-defense has turned to accusation. The somber magistrates are shaken; pallid while dictating the sentence.  Fifteen years!  It is a lot, and yet it is so little for one who loves sacrifice!

    

Absolved by history and yet imprisoned in the Isle of Pines; moral reward, corporal punishment.  Not always does the transitory justice of our times march together with the permanent justice of eternity.

There he is, behind bars, behind walls of concrete, behind solitude and isolation, the leader of the attackers on the Moncada Barracks and his comrades of that 26th of July of 1953.

    

To love liberty is an instinct in man.   Degenerates prefer slavery rather than the burden of decision. The enlightened make freedom the sun of their existence.

    

He who loses personal freedom seeking the freedom for all is twice tortured, suffering the anguish of his cause and the agony of captivity.

    

Captivity is agony for the sentient man.  Every sorrow shreds his spirit.  Sorrow takes pleasure in one who knows suffering.  Jose Marti was forever shaped by his political imprisonment, not by rueful remembrance but a presence that commanded.  It commanded the perfect pages of his historical account, of his free verse and his simple verse, on the scars of his body and the accents of his character.

    

Pain is useful, like a whip.  Men define themselves by the whip:  the servile bends; the rebel stands up.  Pain weakens the weak and strengthens the strong.  To the more sensitive, more suffering, the greatest suffering, the greatest strength.

    

Fidel Castro Ruz is sensitive and strong.  He is a man of faith. He is faith itself. 

Striking faith that does not give up, that finds strength in the effort and is found in the search for the difficult.  In faith, it is the search that is the encounter.  Fidel is the meeting of man and faith.                                                                                                                                                                                                                                            

Prison is the encounter of man with man.   The cell leads us to ourselves.   Fidel discovers Fidel behind the heavy bars of the Presidio Modelo: in agony, in solitude, in the corporal punishment and moral suffering, in the power of rebellion against powerlessness.

    

Solitude is a mother. It can bear many good children, to the man of letters, a novel or poem, to a chemist, a transforming formula, in a soldier, a battle plan or new conception of war, in a philosopher, a treatise, in a spirit, a sanctification.

Fidel’s solitude gives birth to Fidel.  He finds himself.   Self-encounter confirms what he thinks and what he feels; ratifies his reason and his heart, the mental and the sentimental.

Frederick Nietzsche said:

                          

“One must return to the multitudes;

Their contact strengthens and refines,

The solitude softens, corrupts and rots.”

 

No softness, no corruption, no rot.  To return to the multitudes, Fidel strengthens and refines in solitude.

  

Today Fidel is the man of the multitudes.  His pace loosens the multitudes like gusts of a storm.  Wherever he is, the people are.  The old women who cry with joy, the children who smile as though their innocence intuits greatness, the women who kiss because the kiss is the natural voice of love, the men who embrace because the embrace is the natural expression of brotherhood.   He has outgrown applause as a manifestation of public approval.  Applause is too little for so much heroism.   Today applause is shout, outcry, anthem, frenzy and kiss. At home bodyguards and volunteers, in zeal and vigilance bearded soldiers and civilians.  If he speaks on radio or television, the whole country stays home to hear his pronouncements, while movie houses, cafes and public places remain empty.  Now it has become normal for half a million people to show up at one of his events, that American producers compete to make movies based on his life, that his name acquires international resonance conferred by his standing and stature.   Everybody wants to talk to him, shake his hand, look at his smile or admire his commander’s star and the star of his patriotism.

    

This mastery of the multitudes was forged in the domain of solitude. Yesterday’s prison cell is today’s rallying place.  There in confinement, in complete shadow or precarious sun, amid censored correspondence, in the absent son, in the wounded home, in the name defamed, courage was purified and will was ripened.

    

The people know the conquering lion, sovereign of revolution and roar of history.  They do not recognize the wounded lion, without an Androcles to remove the thorn from the warrior’s paw.

    

That you may know of him, I publish these revealing pages, familiar only to Fidel and those to whom he wrote. Writing the biography of this hero of the Americas, I thought that the best introduction for the reader would be these intimate pages, full of the spirit that precedes and exposes the epic of the liberator. This spiritual mountain foreshadows the Sierra Maestra.  Each letter is a mountain.  Everywhere the peaks are sighted, along with the sun.  They explain many events to come.  They show the hero and the man.   The man is the hero.

    

And here is the hero.  He who remembers his dead brothers and demands justice for them, he who denounces the vile murders, refuses ties with the politicians of the past, lashes out at those who remain silent before crime and asks to ring the bell of insurrection in the silent hours of our civic age.

    

And here is the hero.  He who organizes from behind the prison bars a fitting commemoration of the 26th of July in Cuba and beyond, he who advises a silk glove and an iron hand, he who guards his movement against the assassins of the present so as not to be splattered by the muck of the defrauders of the past.

    

And here is the hero.  To defy the prison bars and solitary confinement and give homage to friends, to censure the criminals who had condemned honorable men instead of sanctioning the truly guilty, to fondly remember his comrades, to draw the line of revolutionary independence against gunmen and opportunists, against tyranny and farce.

    

And here is the hero.   To say that he does not accept the moral orphaning of the homeland and that he thinks that so much vileness will provoke as much greatness, to defy the difficult hours, to censor the abject politicking of those who just seek sinecures, to spend the days in reading and restraint, and not to open the newspapers, to avoid nausea in the presence of submission. To remain in seclusion in spite of already four months of isolation for his righteous conduct during the visit of the tyrant, for suggesting a campaign to organize the struggle for liberty.

    

And here is the hero.  Who furiously flays the cowardly official capable of trying to tarnish his good name with infamy, who demands for the political prisoner the span that belongs to a whole man, ready to fight for his woman and his honor. 

    

And here is the hero. Who has a heart of steel and will be worthy until the last day of his life shouting that nothing has been lost despite the pain that has pierced him, cheers up his beloved sister with a touch of firmness.

  What solitude! What impotence! What injustice! What insult! He writes with manly tears in his eyes, amazed by so much malevolence, his hands tied in prison, thinking it would be better to be dead, without a home to defend, crying and sweating blood in the school of sorrow!

    

And here is the hero.  Meditating during long hours on the civic revolutionary movement that Cuba needs, he assumes the duty to organize the 26th of July Movement, he outlines the advantage of reconciling reality and ideal, he proposes a true program, courageous and revolutionary that would move the heart of the oppressed majority.

    

And here is the hero.  Requests books for the insatiable voracity of an invincible reader, he loses his head when they speak to him of losing his son, he prefers moral victory over a legal one, ready to die to live in dignity, he feels like the son yet speaks as a father to a father who has lost his son.

    

How he praises a friend to pay attention well! How he calls to Fidelito! How he intends to leave prison made a man of iron!  How he refuses amnesty at the price of honor!  How he prepares every detail of his coming out into the sunlight!

    

This is Fidel Castro Ruz:

    

Endurance, sacrifice, stoicism, study, brotherhood, foresight and destiny, beating heart, closed fist, will to make history; flower and firearm, bread and spirit, milk and spear, land and dream.

    

From these prison bars emerges the warrior who will liberate his people and astonish the Americas.  He will return with the Granma and with the Anthem to raise the flag in the heart of the mountain and the heart of hope. (2)

    

He will return, to overcome and to shine, so that the beards will be dark and the days will be clear, to ignite the star of the Rebel Army, to overthrow tyrant and tyranny, to create a free nation that sings the anthems of the Citadel.

    

And now, who does not continue to read, does not love honor!

L.C.A.

 

(1)from the 1953 speech delivered by Fidel Castro at his trial defending the attack on the Moncada Barracks

(2)Gramma, the name of the boat used to transport Castro from exile in Mexico to Cuba along with 81 rebels in 1956

 

 

 

 





  Top
Home
Back


bardachreports.com © 2005